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El impacto de la sequía en la ganadería extremeña

 

Extremadura es una de las regiones con ecosistema de bosque mediterráneo mejor conservado en toda Europa hasta la fecha. Esto se ha logrado gracias a siglos de aprovechamiento sostenible tradicional de bosques manejados de encinas y alcornoques, y del ganado doméstico criado de manera extensiva con un correcto uso de los recursos naturales ofrecidos por esas dehesas y con los beneficios adicionales que aportan las poblaciones de interés cinegético, especialmente jabalí y ciervo, presentes en nuestra región.

Nuestra región ha destacado por ser una de las más atractivas a la hora de practicar turismo cinegético, siendo este un importante motor económico en determinadas comarcas durante la temporada de caza, involucrando a cazadores, hosteleros y empresas destinadas a la venta de productos cárnicos derivados de la actividad cinegética. Como consecuencia de esta actividad económica, en los últimos años las poblaciones de jabalíes y ciervos, así como de otros ungulados silvestres se han visto incrementadas en nuestros ecosistemas para abastecer a los cazadores y potenciar de esta manera el sector.

Estos incrementos mencionados en referencia a los animales salvajes pueden llegar a suponer un riesgo para el ecosistema extremeño ya que pueden superar la capacidad de carga animal que pueden sustentarse en nuestras fincas. En este caso, es normal observar a animales con condiciones corporales deficientes que pueden estar inmunodeprimidos y hacerlos especialmente sensibles frente a procesos parasitarios e infectocontagiosos. Cabe destacar que, en la actualidad, el jabalí es el principal reservorio salvaje de Mycobacterium bovis, bacilo responsable de ocasionar la tuberculosis bovina y que además puede infectar a otras especies domésticas como ovejas, cabras y cerdos.

Por definición, se entiende como reservorio aquella especie capaz de mantener la infección de manera independiente a otras especies, por el contrario, nos encontramos con animales que no son capaces de mantener esta infección y que actúan como fondo de saco epidemiológico, algunas de estas especies son sumamente importantes como lo es el lince ibérico, especie famosa llegar casi a la extinción hace unos años y que en la actualidad continúa siendo una especie protegida en peligro de extinción.

Extremadura, al igual que otras regiones del suroeste peninsular, se caracteriza por la cría de ganadería de aptitud cárnica en grandes extensiones de terreno como lo son las dehesas, entre las que son frecuentes los cruces de razas autóctonas combinadas con foráneas que mejoran el rendimiento cárnico. Estos ejemplares a menudo comparten hábitat con los ungulados mencionados anteriormente.

Hoy, las interacciones llevadas a cabo entre ganado doméstico y fauna salvaje siguen siendo uno de los principales motivos por los que los ingresos de los ganaderos se ven reducidos al ser estos últimos portadores de enfermedades que disminuyen la calidad de las canales de las reses, o en otros casos peores, enfermedades que obligan a paralizar durante meses cualquier tipo de actividad comercial relacionada con la ganadería.

Las medidas de bioseguridad de las explotaciones de manera general se muestran ineficientes a la hora de evitar estos fatídicos contactos, por no mencionar el importante desembolso económico que puede suponer la implantación de vallados eficaces o de otros sistemas que impidan a los animales salvajes entrar a las dehesas.

Pues a todo esto se suma la notable sequía que estamos viviendo en estos momentos ya no solo en Extremadura sino en casi todo el territorio nacional. El sector ganadero es uno de los grandes perjudicados por esta situación climatológica. El ganado bovino, porcino de montanera, ovino y caprino está notando un gran impacto debido a la reducción de los recursos agroforestales de los que depende su alimentación. Para corregir estos déficits en alimentación, son varios los criadores que han visto como no quedaba más remedio que aportar piensos, henos u otro tipo de alimento.

La escasez de precipitaciones en las zonas de secano está provocando el retraso o directamente la no nascencia de cereales y la menor disponibilidad de terrenos destinados a la siembra, lo que vaticina una menor cosecha y un encarecimiento de los productos derivados de estos cereales, como lo son los piensos que se emplean para alimentar a las cabezas de ganado.

Los ganaderos extremeños muestran una gran preocupación respecto a los meses futuros, ya que por normal general durante estos meses no es normal la suplementación y el traslado de agua a las fincas, y trasladan su incertidumbre sobre qué habrá que hacer en los meses de verano. Algunos piden incluso que se revise la planificación hidrológica regional para disminuir el impacto que se puede sufrir si esta situación continúa en los siguientes meses.

La relación que mantienen ganadería, ungulados salvajes como ciervo o jabalí y los recursos hídricos ha sido protagonista de varias observaciones y estudios llevados a cabo por distintos equipos de trabajo. Durante las épocas de abundancia, de acuerdo con las ecologías de las especies salvajes, no tienden a compartir recursos de agua con la ganadería, obteniendo tanto los recursos hídricos como nutricionales de fuentes distintas y a distintas horas. Pero durante las estaciones secas la situación es totalmente distinta, y la falta de agua obliga a los animales que conviven en la dehesa a acudir a las mismas charcas para saciar la sed. Es durante estos contactos, ya sean de manera directa o indirecta, cuando las probabilidades de transmisión de enfermedades son más frecuentes.

Podemos deducir entonces, que, durante una época de sequía, las poblaciones de animales que habitan nuestros ecosistemas experimentarán una mayor tendencia a compartir las charcas durante un mayor periodo de tiempo, lo que puede llevar a un aumento de procesos parasitarios e infectocontagiosos en la ganadería extensiva, añadiendo otra piedra más en el camino tanto en el sector ganadero como en el relacionado con los profesionales veterinarios que luchan por acabar con estas enfermedades.

Este aumento de enfermedades, puede ocasionar daños colaterales en la sanidad pública, ya que no sólo los profesionales que trabajan día a día en las explotaciones ganaderas pueden verse afectados por algunos de estos procesos nocivos, sino que los productos cárnicos obtenidos en las monterías pueden contagiar enfermedades a las personas como la ya mencionada tuberculosis bovina, además, se ha demostrado que las personas son capaces de diseminar estos bacilos tuberculosos contagiándose así unos a otros, suponiendo un riesgo epidemiológico.

Problemas como el descrito, incrementan la necesidad de desarrollar procedimientos de monitorización poblacionales respecto a animales salvajes, que permitan anticipar situaciones como la sobrepoblación y los problemas sanitarios derivados de esta. En la actualidad no se cuenta con un método de referencia para cuantificar las poblaciones de fauna silvestre, pero a los métodos más tradicionales como los análisis de las bolsas de caza o la estima mediante el impacto en el ecosistema, se le han sumado en los últimos años métodos más modernos como pueden ser el foto-trampeo o incluso la estima de poblaciones mediante imágenes tomadas desde un plano aéreo conseguidas gracias al uso de drones.

Otro riesgo derivado de la falta de recursos y de la sobrepoblación de jabalíes que existe en Extremadura es que se intensifiquen las visitas de estos animales a los pueblos y las ciudades. Mientras que los ciervos u otros animales se muestran más recelosos de acercarse a las personas, los jabalíes, animales con una gran capacidad de adaptación a casi cualquier ecosistema ya que habitan tanto en zonas de alta montaña como en bosques y montes mediterráneos, han protagonizado en los últimos años apariciones cada vez más frecuentes, en zonas periurbanas a las que acuden a husmear en papeleras, contenedores o parques en busca de alimento y agua. Estos acercamientos pueden además de transmitir agentes patógenos a la población, ejercer un acoso e intimidación hacia los residentes de las zonas implicadas, si bien es cierto que este animal suele manifestar una tendencia a huir en cuanto se sienten amenazados, algunos ejemplares más temperamentales pueden adoptar una postura ofensiva y ocasionar un accidente no deseado.

Finalmente, a modo de resumen, podemos concluir que las zonas del suroeste nacional entre las que se encuentra la provincia de Badajoz son en materia de sanidad y producción animal las más afectadas por la sequía actual debido a la tradición ganadera por la cría extensiva, por la sobrepoblación de especies de interés cinegético y por la climatología, factor clave para el buen funcionamiento del ecosistema de dehesa y bosque mediterráneo y que este año debido a la drástica disminución de lluvias augura un año cargado de dificultades para los ganaderos y los veterinarios destinados a esta actividad.