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La leptospirosis es una enfermedad infecciosa de importancia veterinaria y zoonósica causada por bacterias del género Leptospira. Aunque tradicionalmente se ha asociado a perros de campo, animales de caza o entornos rurales, la evidencia disponible muestra una realidad más compleja: los perros que viven en ciudades también pueden estar expuestos.

Las leptospiras pueden ser eliminadas a través de la orina de animales infectados, especialmente roedores, y mantenerse en ambientes húmedos, suelos contaminados o determinadas acumulaciones de agua. Por ello, el riesgo no depende exclusivamente de que un perro viva en el campo o en una ciudad, sino de las oportunidades reales que tenga de entrar en contacto con estos ambientes o reservorios.

El riesgo también existe en entornos urbanos

Las ciudades ofrecen condiciones que pueden favorecer determinados ciclos de transmisión. La presencia de ratas, parques, solares, cauces urbanos, zonas húmedas o espacios donde se acumula agua permite que un perro pueda entrar en contacto indirectamente con Leptospira durante sus paseos habituales.

En el medio rural se añaden otras posibles fuentes de exposición, como el contacto con fauna silvestre, ganado, cursos de agua, charcas o determinadas actividades al aire libre.

Por tanto, resulta más adecuado hablar de factores de exposición que establecer una simple división entre perros urbanos y rurales.

Beber agua de procedencia dudosa, acceder a zonas encharcadas potencialmente contaminadas o entrar en contacto con roedores son algunos de los factores que pueden incrementar el riesgo.

Una enfermedad que puede ser grave

En el perro, la leptospirosis puede provocar cuadros clínicos importantes. La afectación renal es una de sus manifestaciones más características, aunque también pueden aparecer alteraciones hepáticas, gastrointestinales, hemorrágicas o respiratorias.

La presentación puede ser muy variable y no todos los animales afectados muestran exactamente los mismos signos, lo que hace especialmente importante la valoración veterinaria ante cualquier sospecha clínica.

Otra idea que conviene desterrar es que únicamente enferman los perros grandes, de trabajo o vinculados al campo. Se han diagnosticado casos en animales de muy diferentes edades, tamaños y estilos de vida.

¿Existe una época del año con mayor riesgo?

Las condiciones ambientales tienen una influencia importante.

Leptospira encuentra mejores condiciones de supervivencia en ambientes húmedos y con temperaturas favorables, por lo que las precipitaciones intensas, las inundaciones o los periodos de elevada humedad pueden incrementar las posibilidades de exposición.

Esto explica que en diferentes países se observen patrones estacionales, aunque no existe una única época de mayor riesgo aplicable a todos los territorios. La climatología local determina en buena medida cuándo se producen las condiciones más favorables para la supervivencia de la bacteria.

¿Y qué ocurre con los gatos?

La situación en gatos es diferente.

La enfermedad clínica reconocida parece ser mucho menos frecuente que en el perro. Sin embargo, diversos estudios han demostrado que los gatos pueden exponerse a Leptospira, desarrollar infección y, en algunos casos, eliminar la bacteria a través de la orina sin presentar necesariamente signos clínicos evidentes.

Los animales con acceso libre al exterior y posibilidades de cazar roedores presentan mayores oportunidades de exposición.

Aún existen importantes lagunas de conocimiento sobre el verdadero papel epidemiológico del gato, por lo que continúa siendo un área activa de investigación.

Prevención y enfoque One Health

En perros, la vacunación constituye una de las principales herramientas preventivas frente a la leptospirosis, junto con medidas destinadas a disminuir la exposición a posibles fuentes de infección.

También resulta recomendable evitar, siempre que sea posible, que los animales beban de aguas estancadas de procedencia desconocida y mantener un adecuado control de roedores.

La leptospirosis representa además un buen ejemplo de la importancia del enfoque One Health. Personas y animales pueden compartir ambientes contaminados y estar expuestos a los mismos reservorios.

Por ello, su vigilancia no puede limitarse exclusivamente a la medicina veterinaria o a la medicina humana. La interacción entre animales, personas y medio ambiente constituye una parte esencial de su epidemiología.

La leptospirosis no es únicamente una enfermedad del campo. Comprender cómo se transmite y cuáles son sus verdaderos factores de riesgo permite mejorar tanto la prevención como la detección temprana y recuerda, una vez más, el papel fundamental de la veterinaria en la protección conjunta de la salud animal, humana y ambiental.