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La listeriosis es una enfermedad infecciosa causada por Listeria monocytogenes, una bacteria ampliamente distribuida en el medio ambiente y capaz de sobrevivir en condiciones adversas, como bajas temperaturas, ambientes ácidos o elevadas concentraciones de sal.

Su importancia trasciende el ámbito de la sanidad animal. Se trata de una zoonosis vinculada a la contaminación de alimentos, por lo que constituye también un problema relevante de seguridad alimentaria y salud pública.

Un trabajo elaborado por profesionales del Servicio Clínico de Rumiantes de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Zaragoza describe un caso de listeriosis nerviosa registrado en una explotación caprina lechera de la provincia de Guipúzcoa.

Cuatro animales afectados en pocos días

La explotación contaba con aproximadamente 140 cabras de raza Alpina Francesa, manejadas bajo un sistema semiintensivo. Los animales recibían una alimentación basada en heno, concentrado, suplementos minerales y ensilado, que presentaba un contenido de humedad especialmente elevado.

En el transcurso de una semana, cuatro cabras desarrollaron signos neurológicos agudos. Los casos aparecieron de forma consecutiva, siguiendo un patrón de mortalidad en “goteo”, y evolucionaron rápidamente hacia la muerte en un periodo aproximado de entre 48 y 72 horas.

Tres animales murieron en la propia explotación. La cuarta cabra fue trasladada al Servicio Clínico de Rumiantes de la Universidad de Zaragoza después de presentar decúbito e incapacidad para mantenerse en pie.

Durante la exploración se observaron depresión, salivación excesiva, parálisis facial parcial, alteraciones vestibulares, disminución de la sensibilidad en determinadas zonas de la cara e hipomotilidad ruminal. El conjunto de signos indicaba una lesión localizada en el tronco encefálico.

La rápida evolución del proceso, su presentación asimétrica y la relación con el consumo de ensilado llevaron a establecer la listeriosis encefálica como principal diagnóstico presuntivo.

Confirmación mediante necropsia y cultivo

Ante el empeoramiento del estado clínico, el animal fue eutanasiado y sometido a una necropsia.

El estudio anatomopatológico mostró inflamación de las meninges, edema cerebral y lesiones focales en el tronco encefálico. El examen histológico permitió identificar microabscesos, necrosis y acumulaciones de células inflamatorias alrededor de los vasos sanguíneos, alteraciones características de la listeriosis nerviosa.

El diagnóstico definitivo se obtuvo mediante el aislamiento de Listeria monocytogenes a partir de tejido cerebral.

El ensilado, principal factor de riesgo

La listeriosis en pequeños rumiantes se encuentra estrechamente relacionada con el manejo de la alimentación, especialmente con la utilización de ensilados mal conservados.

Cuando el proceso de fermentación no se desarrolla correctamente, el pH del ensilado permanece demasiado elevado y facilita la multiplicación de la bacteria. La excesiva humedad, el contacto del alimento con el suelo, el almacenamiento inadecuado o la contaminación por heces de aves y otros animales también aumentan el riesgo.

La bacteria puede acceder al organismo a través de pequeñas lesiones de la mucosa oral. Desde ese punto, puede avanzar a través del nervio trigémino hasta alcanzar el tronco encefálico, donde provoca una inflamación grave.

Esta localización explica algunos de los signos más característicos de la enfermedad:

Depresión y pérdida de apetito.

Disminución de la producción.

Inclinación de la cabeza y movimientos en círculos.

Parálisis facial unilateral.

Salivación excesiva.

Incoordinación y dificultad para mantenerse en pie.

Progresión hacia el decúbito y la muerte.

En los pequeños rumiantes, la enfermedad suele afectar a pocos animales, pero presenta una elevada letalidad.

Un periodo de incubación que dificulta el control

El periodo de incubación de la listeriosis puede oscilar entre dos y tres semanas, aunque en determinados casos puede prolongarse hasta dos meses.

Esto implica que, cuando aparecen los primeros signos clínicos, los animales pueden haber dejado de consumir el alimento contaminado. Además, pueden seguir produciéndose nuevos casos durante varias semanas, incluso después de retirar el ensilado sospechoso.

La investigación epidemiológica y la revisión detallada del manejo alimentario son, por tanto, esenciales para identificar el origen del problema.

El tratamiento debe comenzar de forma temprana

El tratamiento de la listeriosis nerviosa resulta complicado y presenta una eficacia limitada cuando los signos neurológicos están avanzados.

La probabilidad de recuperación aumenta cuando el diagnóstico se realiza en las primeras fases y se instaura rápidamente un tratamiento antibiótico adecuado. Sin embargo, la llegada de los medicamentos al sistema nervioso central está condicionada por la barrera hematoencefálica.

También puede ser necesario aplicar un tratamiento de soporte para corregir la deshidratación, las alteraciones metabólicas y la incapacidad del animal para alimentarse o beber con normalidad.

La detección precoz de animales con depresión, desviación de la cabeza, alteraciones faciales o movimientos anormales puede marcar la diferencia entre una posible recuperación y una evolución irreversible.

La prevención es la principal herramienta

La prevención de la listeriosis debe centrarse en garantizar la correcta elaboración, conservación y distribución del ensilado.

Entre las principales medidas se encuentran:

Controlar la humedad y el proceso de fermentación.

Evitar que el alimento entre en contacto con el suelo.

Desechar las zonas enmohecidas, deterioradas o con olor anormal.

Retirar las capas superficiales que hayan estado expuestas al aire.

Mantener limpios los comederos y las zonas de almacenamiento.

Evitar la contaminación por aves, roedores u otros animales.

Retirar inmediatamente cualquier alimento sospechoso.

Consultar al veterinario ante la aparición de signos neurológicos o abortos.

En esta enfermedad, la prevención resulta considerablemente más eficaz que el tratamiento.

Una enfermedad con dimensión One Health

Además de afectar a la producción y al bienestar de los animales, Listeria monocytogenes representa un riesgo para la salud humana.

La infección en personas se encuentra asociada principalmente al consumo de alimentos contaminados, especialmente productos listos para el consumo y productos lácteos elaborados con leche no pasteurizada.

Aunque la incidencia en humanos es relativamente baja, las formas invasivas pueden ser muy graves, especialmente en mujeres embarazadas, recién nacidos, personas mayores e individuos inmunodeprimidos.

Este caso clínico refleja de forma clara la conexión entre sanidad animal, seguridad alimentaria y salud pública. La vigilancia de las explotaciones, el control de la alimentación, el diagnóstico veterinario y las medidas higiénicas aplicadas a lo largo de la cadena alimentaria son elementos inseparables dentro del enfoque One Health.

La actuación veterinaria resulta esencial para detectar precozmente la enfermedad, reducir las pérdidas en las explotaciones y proteger la salud de los consumidores.

Artículo de referencia: “Listeriosis nerviosa en cabras: descripción de un caso clínico en el norte de España”, elaborado por Itziar Montuega, Miriam Martín, Héctor Puyal, Elena Longarón, Karla Kostadinova, Roberto Vitaller, Janire Fernández, David Guallar, Pablo Quílez, Delia Lacasta y María Climent.